
Vuelve a su sitio, al menos eso parece, según la prensa local.
Yo soy un gran admirador suyo y os explicó el porqué.
Apareció una mañana “esparramao” en el cauce del río, sin haber pedido permiso a nadie y con esa cara simpática de tío flojo de cojones, que está por encima de los comentarios de los demás.
Tan desnudo, pero púdico, mirando plácidamente hacia el cielo, e ignorando los comentarios de los que pasean junto a él.
Al ser motivo de noticia, empezaron a disputárselo políticos, sabios y estúpidos de la ciudad, con sesudos estudios pseudoculturales, sobre su personalidad, su belleza o su localización, creando cómo no, una de esas polémicas que tanto gusta en nuestra tierra y que son previas a olvidos y rechazos.
La repercusión mediática hizo que el Ayuntamiento lo quitará de en medio , volviéndolo acto seguido a instalar, pero ya como funcionario propio, en el mismo sitio, incluso con un cartel explicativo de su vida, como si a él le hiciera falta.
Allí permaneció plácido, durante algún tiempo, hasta que un día, sintiéndose olvidado, aprovechando el ímpetu de la naturaleza, con quién está tan ligado, recuperó su libertad y se marchó río abajo, camino de Casillas, inmolándose junto al azud que junto al agua retenía sus sueños.
Ahora volverán a amarrarlo a donde él había decidido estar, y seguro que con más fuerza, con unas cadenas mayores, pero estoy convencido que serán de nuevo rotas y esta vez, hasta es probable que lleguee al nuevo puente, donde con la ayuda del espíritu de Ibn Firnas, volará hasta ese sol que mira cada día, el socarrón.